Río de Janeiro recibe más de 12 millones de turistas al año.
Este proyecto nace de una pregunta sobre la convivencia entre quienes habitan una ciudad y quienes la recorren de paso. Desde mi lugar de turista, fotografío aquellos espacios donde esas dos formas de habitar se encuentran y donde, según quién los transite, adquieren significados diferentes.
El turismo puede moldear una ciudad, transformar sus dinámicas y, en algunos casos, generar la sensación de que ciertos espacios se adaptan más a quienes llegan que a quienes los viven cotidianamente.
No busco hablar en nombre de Río ni revelar una intimidad que no me pertenece. Intento registrar los encuentros, las contradicciones y las tensiones que aparecen cuando millones de visitantes comparten un mismo territorio con quienes lo habitan día a día.