Este trabajo parte de una asociación intuitiva a partir de la milonga, entendida desde su mística, su impronta y la identidad mestiza que construye, así como desde su propio origen, una mezcla y convivencia de distintos ritmos y tradiciones.
Me interesa cómo ese espíritu logra filtrarse en la calle: la milonga entendida no como música o baile en sí mismos, sino como representación de un abanico de vivencias que encuentran sentido dentro de lo colectivo.
La calle aparece entonces como una coreografía improvisada y casi caótica, donde distintos tiempos y formas de habitar coexisten dentro de un mismo territorio.
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